Wednesday, November 07, 2007
24. La Llegada De Rogelio
Friday, July 27, 2007
23. El Cumpleaños De Pepito.
A la tierna edad de ocho años, Pepito cumplió ocho años. El enemigo eterno de Juanito daba un paso más hacia la madurez y su madre quería celebrarlo con una gran fiesta en su casa. A tal evento irían niños de todos los rincones de Chamberí, incluso niños de Cuatro Caminos y del Colegio de Nuestra Señora del Buen Consejo, en cuya fachada faltaba siempre misteriosamente la "s" de la última palabra. Irían unos 20 ó 30 niños incluido Juanito, mal que le pesara al del cumpleaños.
Susana, la madre de Pepito, lo tenía todo previsto: habría refrescos, galletas, globos de colores, Sugus de Suchard y una gran piñata. Mientras tanto, en su casa, Juanito rebuznaba con impotencia ante la obligación de acudir a la fiesta de su feo vecino. Concha, como buena diplomática, sabía de la importancia de dicho evento. Mientras los niños disfrutaban de la celebración en casa del homenajeado, las madres se reunirían en su casa para celebrar una reunión de Tupperwares; de forma que nada podía enturbiar el pepitil acontecimiento.
Horas antes, madre e hijo se acercaron al Corte Inglés para buscar un regalo. Juanito sugería todo tipo de objetos ridículos e inservibles, como un cepillo para la espalda o unas muñecas rusas, pero Concha se decantó por un juego de dardos. Por unos segundos, el niño se imaginó a sí mismo atado frente a la diana y al vil Pepito ajustando su puntería para clavarle el dardo en la punta de su nariz.... Acto seguido, Juan vomitó encima de una dependienta, y en quince años no volvió a pisar la sección de juguetería del Corte Inglés de Chamberí.
A las seis en punto, una fila de niños repeinados esperaban tras la puerta de entrada a la casa. Al abrir el niño, todos gritaron al unísono: "¡¡Felicidades, Pepito!!" Y entraron todos corriendo como vándalos en busca de las medias noches, caramelos y coca-colas que les esperaban en lo alto de la mesa de la cocina. Para estas cosas, Susana era muy imaginativa. Inventaba juegos para los críos para que en ningún momento se aburriesen. En una de éstas, ella se colocó junto a la puerta de la cocina con una cesta llena de sugus, y los niños debían correr alrededor de la casa siguiendo un circuito hecho con globos, y cada vez que pasaban por la puerta, Susana les daba un sugus y una palmadita en el culo, y a seguir corriendo. Luego, cuando ya estaban cansados, les hizo sentar en el suelo y se puso a imitar animales que los niños debían adivinar.
Mientras tanto, las madres estaban en casa de Concha en plena reunión tupper. Y mientras.... ¿Qué hacía Batalla? El perro de los Fernández no dudó en aprovechar la confusión del momento para hacer realidad sus sueños más húmedos.... ¡beneficiarse a Lilí, la perra San Bernardo del Primero B! Y en ese piso se encontraban los canes, mirándose melosos después de beberse un par de tequilas con limón y sal y decirse tres cosas bonitas al oído, así, susurradas.... Pero poco les duró el romanticismo, porque la pasión les desbordó como a lobeznos, y pronto adoptaron la postura del misionero.... hasta que observaron que era una postura inservible siendo perros, con lo cual adoptaron la posición "a lo perro", más propio de ellos. Y cómo se les cambió la cara cuando obervaron que un schnautzer miniatura era incapaz de alcanzar el fruto de los dioses de una perra San Bernardo, por mucho que lo intentara.
La frustración llevó a Batalla incluso a usar una caja de zapatos para elevar el pubis, pero.... resultó imposible. ¡Su gozo en un pozo! ¡Su pasión inmaterializada! ¡Se acabó lo que se daba! Ella le dio un besito en la frente y trató de consolarle pero, básicamente, Batalla estaba hundido en la miseria moral más absoluta. Cabizbajo retornó a su casa, encendió la tele, y se puso a ver los dibujitos mientras bebía un martini bien fresco.
Mientras, en casa de Pepito llegó el momento culmen de la fiesta. Del techo colgaba una gran piñata. Susana le tapaba los ojos a su hijo con un pañuelo negro, mientras todos los niños esperaban expectantes a que los miles de caramelos salieran dispersos de la piñata tras un golpe crucial de Pepito. Pero el vil niño se guardaba un as en la manga. Previamente, había hecho un pequeño agujero al pañuelo negro, pero no precisamente con la intención de dar un golpe certero a la piñata, sino para buscar a Juanito entre la multitud de niños y dar unos cuantos palazos. Cuando Susana gritó ¡yaaa!, Pepito ya había localizado a Juan a su derecha, y empezó a dar palazos buscando su blanco perfecto. Los niños empezaron a correr despavoridos y Juanito intentaba evitar los golpes de Pepito esquivándolos como podía. Susana, enfurecida con su hijo, no paraba de gritar que dejara de comportarse como un troglodita, y que le diese a la piñata de una puñetera vez, pero no había manera. La manada de niños abrieron la puerta de la casa y salieron de allí entre chillidos y aullidos, y sus madres, al oír semejante follón, salieron también despavoridas de casa de Concha, convirtiéndose aquella situación en un acto propio del hundimiento del Titanic.
Por supuesto, algunas madres aprovecharon el caos para hacerse con algún tupper sin pagarlo, y aquello supuso un enfrentamiento cruel entre Concha y Susana durante un largo tiempo. Pepito fue castigado durante un mes, y en compensación, susana le regaló a Juanito el contenido de la piñata que nunca llegó a estallar. El pequeño Juan comió tantos caramelos esa semana, que cogió una buena empachera, y durante 20 años jamás volvió a comerse un caramelo, ni siquiera un Pictolín.
Wednesday, May 23, 2007
22. Salvador, Un Amigo.
Wednesday, April 25, 2007
21. Concha VERSUS Señora de Cuenca.
Sunday, April 01, 2007
20. La Vida Sentimental de Batalla.
Pero Batalla, a pesar de la fiereza que despliega ante la presencia de Pepito, es en realidad un ser débil de espíritu, apocado, dado a los lloros en privado y a la bipolaridad. El can de Juan es el más pequeño de una camada de cinco criaturas. Ya desde su nacimiento tuvo una vida difícil, pues su madre nació sólo con cuatro tetillas, con lo cual una de las crías se quedaba siempre sin mamar, y solía tocarle a él por ser el benjamín. El hermano de en medio propuso hacer algo así como el juego de las sillas, de forma que todos los cachorrillos debían danzar rodeando a su madre y al cese de la música debían correr raudos hacia los pezones. Quien se quedase sin tetilla, se quedaba sin comer. Pero esta idea fue rechazada de pleno por los otros tres hermanos y la abstención de Batalla.
Al poco tiempo de nacer, Batalla tuvo que soportar otro trago amargo en su vida. Su dueña, la presentadora de televisión, se equivocó de sexo y a la hora de inscribir al cachorro en su tarjeta de pedigree le llamó "Melania", lo cual le convirtió en el hazme reir de todo el barrio durante un buen tiempo. Los demás perros le piropeaban como si se tratara de una dulce hembra entre risas y ladridos. Y toda esta crueldad perruna melló en su carácter... y en su relación con las perras.
Batalla llevaba no más de un mes en casa de los Fernández cuando la vecina del Primero B se hizo con una pequeña perra San Bernardo. Se llamaba Lili, en honor a Lili Marlen. Batalla y Lili se conocieron en el ascensor, pero la conversación no dio para mucho porque viviendo Lili en un primer piso, el trayecto no daba casi ni para hablar del tiempo. De vez en cuando sus dueños les sacaban por el parque, y después de hacer sus respectivas necesidades solían dedicarse un tiempo a olerse, pero Tana mostraba su actitud altiva de fémina refinada y se alejaba de Batalla como dando saltitos, lo cual el perrito lo interpretaba como una clara negativa a sus insinuaciones.
El tiempo pasaba y Batalla se hizo ya un perro en edad de merecer. Un día, una clienta de Concha que tenía una perrita schnauzer, le propuso un apareamiento. A cambio, la clienta le compraba un juego de seis tuppers. Concha no se lo pensó dos veces, y no tardó en concretar la hora y el sitio. El lugar convenido: la fría cocina de la señora; la hora: las once de la noche del 13 de octubre. La forzada pareja debía pasar la noche allí encerrada con la sana intención de llegar al menos a una copulación. La perrita, Curra, no le recibió muy cordial que digamos. "Si crees que vas a pasar una noche de sexo desenfrenado estás muy equivocado, ¿eh? Ya sé que en la nevera hay mantequilla, pero si te da por creerte Marlon Brando más vale que te lo pienses o serás el primer perro eunuco".
¡Guau! Batalla se quedó de piedra. Al otro lado de la ventana, las dos señoras les miraban con una mezcla de dulzura y picardía. ¡Sus perros iban a perder su virginidad delante de sus narices! Pero el tiempo pasaba y en aquella cocina lo único que se cocía era un par de coliflores. Batalla no dejaba de olisquear e intentar acercarse a la perrita, pero ella parecía transformarse en Alien al mínimo contacto. La único obsesión de Batalla era cumplir como machito, pues el desliz de su nombre femenino le creó una fama de mariposón que él quería eliminar de inmediato. Y no porque tuviese algo contra los gays. De hecho, algunos de sus mejores amigos lo eran. Pero necesitaba tener una imagen de perro macho si quería tener opciones con Tana. Así que se acercó a Curra y le dijo bien claro: "Nena, nos han encerrado aquí para procrear. Sabes bien que nos mantendrán encerrados aquí noche tras noche hasta que nos vean pegados. Así que tenemos dos opciones: o estamos persiguiéndonos como el perro y el gato oliendo a coliflores sin parar o lo hacemos de una vez por todas dejando el pabellón bien alto. Tú decides".
Curra pareció no pensárselo demasiado. Al final aceptó, y mientras los perros yacían, las dos señoras se reían al otro lado de la ventana, y la dueña de Curra le dijo a Concha: "¿Lo ves? El truco de las coliflores cociéndose es mano de santo. Ya puedes ir preparando el lote de tuppers, que tu perro está cumpliendo como un campeón. ¡Si hasta parece que se ha leido el Kamasutra!"
Y dicho eso, las señoras se fueron a tomar el té, mientras los perros permanecieron enganchados un buen rato con cara de circunstancias. Porque a ver qué cara se pone si no cuando dos seres se quedan enganchados por semejante parte mirando cada uno al otro lado esperando a que la cosa se desenganche....
Friday, March 23, 2007
19. Bellota Gorda.
Tuesday, February 06, 2007
18. El Amargo Aliento del Borracho de Bar.
Entristecido por su nuevo varapalo, Juan decidió ir al bar de debajo de su casa y pedir con toda la amargura que pudiese un buen vaso de leche. Como pudo se sentó en el asiento de la barra, puso mueca de fracasado, de indiferencia hacia la vida, y blanqueó su mente como hacen los borrachos. En ese momento, un hombre de unos cuarenta años entró en el bar y se sentó junto al pequeño. Su imagen no era muy diferente al de Juanito: su boca contagiaba su tristeza a los presentes, y sus labios secos y arrugados aclamaban su dependencia al tabaco. Ojeó un diario deportivo, pero rápidamente lo apartó con desmesura, como si hubiese comprobado que su equipo de siempre volvió a perder. Entonces, se fijó en Juan y en su vaso de leche, y comenzó a hablar.
Saturday, December 02, 2006
17. Cucaracha's Puppy Doo
"Eh, tú, ¿no me recuerdas?", dijo el niño. Juan le miró de arriba a abajo con cierta temeridad, esperando que sus siguiente palabras no fueran "soy tu fan número uno". Pero no fue así, y le dijo: "¡Chaval, soy Cristobalito, el bebé-capo!" "¡Hombreeeee, qué de tiempo! ¿Cómo tú por aquí?" "Pues ya ves, macho. No te veía desde que era sietemesino" Y así siguieron durante unos minutos con la típica conversación de conocidos.... Pero pronto Cristobalito vio en Juan un tono triste en su mirada, un halo de penosidad, un moco en su nariz.... Y le preguntó muy seriamente mientras chasqueaba los dedos: "¿Puedo hacer algo por ti, Juan? Recuerda que te debo una desde que me pasaste un donut de contrabando a la incubadora".
Y fue entonces cuando Juan vio en aquel chaval el aliado que todo país en guerra aspira a tener. Cristobalito no sólo era un pillín de cuidado, además, era un mastodonte para su edad. Pensó que introducir al bebé-capo en su guerra contra Pepito podría desnivelar la balanza hacia su lado, que después del incidente con las babosas su estatus quedó en un estado lamentable.
Juan le citó a la mañana siguiente en el parque: detrás de aquel árbol y en frente del columpio ese. Cristobalito escuchó con atención el relato batallil de Juan, y a medida que las palabras se iban sucediendo, por los gestos de aquel se deducía que en su mente se estaba elucubrando un plan estratégico digno de Montgomery. O era eso o es que le estaba sentando mal el cocido de su madre.... En cualquier caso, el capo le echó un brazo sobre su hombro y le dijo: "Juan, ese Pepito es un pringao. Déjame coger las riendas de tu conflicto y en menos de tres meses la chica será tuya y Pepito besará el suelo por donde pises".
Esas palabras le entraron en el cuerpo como dulces de leche. ¡Se sintió como Mussolini cuando se alió con Hitler! ¡¡Qué futuro más glorioso les esperaban a ambos!! El pequeño Juan tardó unos años en enterarse de que esos dos sujetos acabaron más mal que bien, pero lo realmente importante para él era que se abría un halo de esperanza, un halo de luz llamado Cristobalito.
Dos días después, el niño-capo citó a Juan enfrente del mercado, junta a la tienda esa. Cristobalito le estaba esperando con un periódico bajo su hombro. La contraseña era "culo-caca-pedo-pis". Y entonces el mafias le soltó a Juan la estrategia que había pensado en esos dos días: "Juan, todo imperio basa su fortaleza en una buena base económica. Sin dinero no hay armas, sin alimentos no hay espíritu, y sin estas dos cosas no hay triunfos. Con los dos duros que guardas en tu cerdito no hacemos nada, así que me vino una idea a la cabeza cuando me hablaste de esas cucarachas que tienes en tu baño. Sí, esas que por las noches....ejem, ya sabes. Con un poco de organización podemos montar un show para los niños de tu edificio, un show con un título sugerente: ¡Cucaracha's Puppy Doo! Cobramos a un duro la entrada, y con el dinero que ganemos, nos surtiremos para la gran victoria final."
Escuchado así, "un show de cucarachas estripers", suena más bien a cachondeo, pero fue todo un bombazo durante una semana. Cada noche, Cristobalito y yo conseguíamos traer a casa al menos a diez niños, y ninguna madre se percataba del asunto. Imagínenese a diez niños saliendo de sus casas en mitad de la madrugada para dirigirse a ver un show de dos rombos en mi cuarto de baño.... y pagando encima un duro cada uno. Y todo para ver, si es que se daba la ocasión, a un par de cucarachas montándose una juerga entre ellas. Pero si aquello no ocurría, la organización lo compensaba otorgando a cada niño una galleta Príncipe de Bequelar o bien una porción de quesito de La Vaca Que Se Descojona.
Cristobalito colocó una mini bombilla roja en su linterna, de forma de con ella alumbraba las paredes del baño para ir creando ambiente. En silencio, esperábamos a que salieran las cucarachas rezando para que tuvieran la libido subida esa noche. Nadie respiraba, ninguno movía un músculo, y cuando los bichejos se ponían en acción, cada uno respondía de una u otra manera. Santiago el del cuarto vomitó, Luisito el del quinto perdió el habla unos días, aunque la mayoría respondiá con una gran indifirencia. "¿Y esto es todo?", llegó a decir alguno que otro. Pero qué querían, se trataba de cucarachas, no de Sofía Loren....
Un día le pregunté a Cristobalito de dónde sacó el nombre de Cucaracha's Puppy Doo, y me contestó: "De esa canción que cantaba Marilyn Monroe, sí hombre, esa que decía:
I wanna be loved by you,
just you and nobody else but you.
I wanna be loved by you alone
paah-deeedle-eedeedle-eedeedle-eedum,
poo pooo beee dooh!"
Monday, September 04, 2006
16. La Delgada Línea Roja de Juan.
Pero Juan no sentía ningún pudor por su físico. Es de suponer que con cuatro años no se pretende ser modelo de la pasarela de Milán, pero se quiera o no, los comentarios de las vecinas podrían haberle causado algún trauma. Concha, sin embargo, no soportaba que le acusaran de mala madre alimentadora, de forma que un día decidió llevar al niño a un médico nutricionista con la intención de hacer engordar al chaval.
"Señora, que el niño se tome esta pastilla antes de cada comida". Esta fue la solución del doctor para la finura del pequeño Juan. Era tan delgado, que cuando se ponía el cinturón rojo los vecinos adultos decían "Mira, ahí va la delgada línea roja". Concha compró las pastillas y el niño empezó a tomarlas como si su vida dependiera de ello. Pasaba el tiempo y las pastillas empezaron a dar resultados visibles. Juan aumentó la talla de sus pantalones considerablemente. La madre tuvo que comprarle un juego nuevo de ropa debido al engrandecimiento del pandero de Juan. Semana a semana, mes a mes, Juan fue atrapando kilos y no dejaba escapar ninguno, hasta que un buen día el pequeño bajaba por las escaleras de su edificio y las vecinas empezaron a cuchichear. "Ay, qué niño más gordo"; "Qué mal alimenta al crío la Tupperwoman"; "Qué pena de niño, y con lo mono que era estando flaquito".
Juan, aunque no era muy despierto, no era sordo, y esos comentarios le llegaban a los oídos con suma facilidad. Luego subía a su casa, se miraba al espejo y empezó a darse cuenta de que médicamente hablando era un "niño obeso", o sea, un gordinflón. Así, sin más, pasó de ser "la delgada línea roja" a ser conocido como "el círculo rojo". Fue entonces cuando el chaval decidió dejar de tomar las pastillas del doctor. Su madre seguía dándoselas a pesar de que ya no le hacía falta engordar más, así que cada pastilla que le daba, pastilla que acababa tragándose el perro Batalla. El can de los Fernández jamás pudo imaginarse que su perfil iba a ser más parecido al de un pez globo que al de un schnauzer, y pronto entró en depresión. Se pasaba las horas viendo la carta de ajuste, y cada vez que sonaba el himno nacional al acabar la emisión en televisión, se echaba a llorar.
El chico no dudó en culpabilizar a su madre de su nuevo físico. Así que en la siguiente reunión de tuppers decidió hacer que ella sintiera el mayor de los ridículos posibles. Mientras Concha enseñaba a las señoras la fiabrera naranja, que lo mismo servía para guardar una sopa que unos calamares en su tinta, Juan apareció totalmente desnudo y se plantó en mitad de la salita diciendo con voz extraña: "¡Mira lo que hace.....el puerco de tu hijo!" Y sin más, empezó a mear delante de todas las señoras, que como liebres, empezaron a huir de la casa entre gritos y aullidos. Eso sí, sin dejar pasar la oportunidad de pillar alguna fiambrera aprovechando el descontrol del momento.
Thursday, August 03, 2006
15. Un Perro Llamado Batalla.
Pero para Juan eso no era más que el comienzo, tan solo una batalla perdida. A sabiendas de que no se encontraba en su mejor momento, el pequeño decidió aguantar las embestidas del enemigo esperando un cambio sustancial que le ayudase a recuperar terreno, a finiquitar su flaqueza de fuerzas. Juan necesitaba un compañero, un fiel amigo que le diese moral y ganas de seguir adelante, y así fue como llegó a su vida y a su hogar un cachorro de perro de raza schnauzer, tamaño miniatura, color sal y pimienta. A la madre le costó lo suyo, tuvo que insistir a una señora de Donoso Cortés para que comprase 8 Tuperwares en vez de los dos que quería para poder comprar el cachorrito a una presentadora de televisión que los criaba, pero bueno, todo fuese por su hijo depresivo huérfano de padre. Quizás el perro, así bigotudo como era, ocupase un poco el hueco que dejó su padre, el pobre Antonio.
Juan acogió con alegría a su nuevo compañero, a ese cómplice que necesitaba. Le miró a los ojos, y con voz grave y contundente le dijo: "Eres pequeño y peludo, pero quiero que sepas que a partir de ahora me ocuparé de ti y saciaré todas tus necesitades. Mearás en la calle y también cagarás. Te dejaré oler a las chuchas y te daré de comer salchichas y arroz. Pronto te convertirás en un pequeño gran perro, y tu labor será sólo una: amargar la existencia a Pepito. A partir de ahora tú y yo seremos un verdadero equipo, y a partir de ahora te llamarás Batalla, en honor a la última batalla que libraremos para conseguir ganar esta Guerra de los Cien Mojones.....digoooooo, del Mojón en el Baño".
La estampa de Juan y Batalla caminando por las calles de Chamberí es todo un clásico. Aún hoy ambos salen a pasear, y aún hoy Pepito teme los gruñidos del pequeño perro. Pero el can tardó lo suyo en desarrollarse y entender su objetivo en la vida, y mientras el enemigo se aprovechó de la situación. Un día Pepito fue al parque y se encontró un grupo de babosas asquerosas. Las babosas son esos bichejos parecidos a los caracoles, pero sin caparazón. Se restriegan por la tierra dejando tras de sí un rastro de repugnantes babas, y de ahí viene su nombre, por si alguien lo desconocía.
Pepito los cogió una a una y los metió en una bolsa. Se fue corriendo a casa de Juan y llamó al timbre. Su enemigo no estaba, así que inventó una excusa para entrar en el cuarto de Juan. Concha no sospechó nada, ajena a la cruel guerra que ambos críos libraban entre sí, de forma que Pepito tenía campo libre. Abrió la colcha de la cama, y bajo las sábanas dejó libres a las siete babosas que había hecho presas. Luego volvió a tapar la cama cual camarera de piso y salió corriendo de la habitación.
Aún hoy en día los vecinos recuerdan el gran chillido de Juan cuando se metió en la cama y mientras entraba en sueño las babosas asquerosas se adueñaron de su cuerpo como si de un campo de lechugas se tratase. Pepito fue demasiado lejos, y como pasó con los otros grandes enemigos de la humanidad, no frenó su ansia de poder y dicho acto fue el inicio de su fin, aunque éste tardó lo suyo en llegar.
Sunday, July 23, 2006
14. La Guerra del Mojón en el Baño.
Pero estamos en 1977, y Juan ya es un pequeño hombrecillo de 4 años. Un niño flaquísimo, era la viva imagen de su padre, tan sólo le faltaba el bigote y su uniforme amarillo para confundirle con él. No sabemos qué le pudo pasar al crío durante estos tres años pero el caso es que Juan perdió en ese tiempo gran parte de su fuerza e ironía interior. Las demás madres le veían en el parque y tenían ganas de bajarle un plato de cocido. Parecía que había perdido su curiosidad innata, su malicia. El niño se sentaba en el parque y observaba a los demás chavales jugar a la pelota o al escondite sin ánimo de incorporarse al grupo. ¿Era Juan un niño superdotado incomprendido y aburrido de su lento ritmo de enseñanza? Nooooo, pronto detectaron que Juan en eso era muy normalito. ¿Tristeza por la ausencia de su padre? Quizás, pero aquello le pilló siendo muy pequeño, lo cual le impedía hacer reflexiones maduras sobre el sentido de la vida, el porqué de la muerte o la insensatez de la bicicletas tandem.
JUAN
El siguiente recuerdo que tengo de mi infancia es a mí mismo arrodillado, con las manos juntas y rezando el Ave María junto a Pepito en una guardería de monjas. Tenía cuatro años, y ese era mi rito diario de todas las mañanas. La siguiente imagen es yo mismo en la bañera y con un....mojón en el agua. No sé por qué narices tengo que recordar eso tan desagradable, pero así es. Pepito y yo compartimos guardería. Nuestras madres se pusieron de acuerdo para así repartirse los días de llevada y recogida. Así que muy a mi pesar Pepito y yo estábamos obligados a entendernos, lo cual costaba lo suyo.
Pepito hoy en día es un respetable lobo de negocios. Pese a su juventud, el chaval supo acaparar la atención y escalar posiciones. Está soltero, es feo, pero tiene amantes en cada puerto.
Monday, July 17, 2006
13. Amor Imposible.
Monday, July 03, 2006
12. Concha y Antonio: Su Historia de Amor.
La madre de Juan se dio verdaderamente cuenta de su situación de viuda cuando vio que la televisión estaba encendida y su marido no le hacía ni caso, y eso que ponían una de Conchita Velasco. Al velatorio, en la propia casa, acudieron las personas justas, y muy pocos lloraban de verdad. Paco, Gutiérrez y Mariano, compañeros de Correos de Antonio, regalaron a la viuda una colección de sellos de temática pajaril. Cigüegas, pelirrojos, canarios, grajos....toda clase de pájaros ahí metidos. La vecina del quinto B le llevó una fiambrera con croquetas, rellenas con el resto de la pata de jamón de la Navidad pasada. La empresa del Tuperware mandó una corona de flores que rezaba: "Conserve sus fiambres en fiambreras Tuperware". Nunca se sabe dónde hay un potencial cliente....
Concha observaba a su marido y miles de recuerdos se le amotinaban en su cabeza. Su primera mirada furtiva, sus besos sencillos bajo la escalera de un portal, sus discusiones diarias....Momentos bellos y también tristes, como en toda pareja de humanos. Viéndole ahí quietecito intentaba recordar por qué se casó con él, pues realmente no lo recordaba.
Saturday, July 01, 2006
11. Susana, la Diosa del Primero B.
Concha no quería que su hijo estuviese presente en esos duros momentos. "Vamos- dice Juan- ni que me fuese a acordar de aquello teniendo un año." Pero por si acaso Concha decidió dejarle su hijo a Susana, la joven vecina del 1º B, al menos hasta que Antonio estuviese enterrado. A Susana no le importó hacerse cargo del niño, al fin y al cabo, ella tenía un bebé de 4 meses, así que teniendo un llorón en casa, lo mismo da tener dos. Al mismo tiempo, el favor ayudaría a suavizar ciertas tensiones entre ambas por asuntos pasados.
Era tal la tensión, que Juan jamás había llegado a ver a su famosa vecina, así que fue toda una sorpresa para él cuando Susana fue a recogerlo: "¡Vaya bombón!" Exclamó Juan. El pequeño quedó tan impresionado por la belleza de su cuidadora que durante esos dos días que estuvo con ella ni se percató de la ausencia del chupete en su boca. En esas 48 horas, Susana se convirtió en su fijación. Pero antes de intentar algo con ella, el bebé debía inspeccionar el terreno.
Sunday, June 25, 2006
10. La Sonrisa de Papá.
Esta vez la película a visionar era CASINO ROYALE, aquella sátira del héroe James Bond. Acudieron al cine todos aquellos que presenciaron el nacimiento un año atrás, excepto Miguel Rodríguez, que el pobre falleció víctima de una croqueta mal cocinada. A las 23:05 pararon la película, encendieron las luces y ofrecieron un pequeño ágape, que de hecho, más que un ágape fue un agapito. Y en seguida siguieron con la proyección. Por supuesto al acto no faltó el Doctor Ricardo Gallardo Muñiz, el que se cargó con la responsabilidad de ejecutar el parto, y el cual se sentó junto a Concha y Antonio.
Antonio, por cierto, aún no había perdonado a su hijo la jugarreta de meses atrás. Salió muy dolido por la experiencia, era la primera vez que un bebé le tomaba el pelo de semejante manera. Era tal su desengaño que decidió retirarle la palabra durante un año, a lo cual el bebé le respondió de la misma manera, y de su boca no salió ni una sola palabra.
Aquel acto de celebración en el cine no llegó a celebrarse nunca más, pues al acabar la proyección, ninguno de los presentes aportó su contribución acordada, y salieron todos despavoridos huyendo de aquel parque como si de la peste se tratara. Y el médico, que fue quien dio la idea del acto, tuvo que apechugar con todos los gastos.
Esa noche llegaron a su casa contentos. Concha se pasó todo el camino de vuelta cantando el "La, La, La" de Massiel, mientras que Antonio y su hijo miraban a otra parte avergonzados. Puesto que habían tomado algo en el cine, decidieron acostarse nada más llegar. El bebé en su cunita y el matrimonio en su cama, aunque marido y mujer dormían separados por una fila de cojines, para evitar así contacto alguno e impedir que un nuevo calentón tuviese como consecuencia un hermanito para Juan. Dormían como lirones a las 3 de la mañana, o eso parecía......Juan quiere narrar en primera persona lo acontecido.
Sunday, June 04, 2006
9. La Venganza del Bebé.
Un domingo, Concha tuvo que ausentarse todo el día de la casa. Tenía que adoctrinar a una Tuperwoman novata, así que dejó al pequeño Juan en manos de Antonio, el padre de la criatura. Todo un día con el bebé, y con la única ayuda de un manual de instrucciones y una pequeña guía en caso de emergencia, el cual te explicaba qué tenías que hacer si el bebé caía de un sexto piso o si se tragaba las piezas del parchís, con dados y todo.
El plan del día era sencillo: 1- Lavado de bebé, 2- Biberón de bebé, 3- Cagada de bebé, 4- Misa con el bebé, 5- Almuerzo de bebé y 6- Siesta de bebé con peli de vaqueros en la tele. Eran seis pruebas las que tenía que pasar Antonio, capaz de repartir 1000 cartas en una mañana, pero incapaz de controlar a un humano de 50 centímetros. Pero lo que no sabía Antonio, lo que no se podía esperar, era que su hijo escondía dentro una fuerza sobrenatural capaz de acabar con civilizaciones y líderes históricos: LA VENGANZA.
No se entiende que una cosa tan pequeña y suave pudiese albergar una sed de venganza tan inmensa, y todo porque el bebé se sentía engañado por la educación sexual ofrecida por su padre. Todo ello originó un reconcome en su interior que estuvo alimentando hasta esperar el momento más oportuno, porque ya se sabe que la venganza es un plato que se sirve frío, como la ensalada de arenques.
El pequeño Juan empezó la mañana muy bien. Se dejó llevar por las inútiles manos de su padre sin mostrar la más mínima queja, y eso que el padre lo hacía tan mal que cualquier otro bebé ya hubiese pedido la hoja de reclamaciones. A Juan le daba igual que la leche estuviese ardiendo, que le bañase con agua congelada o que le pusiese los dodotis del revés, que él no rechistaba lo más mínimo ante la incredulidad del padre, el cual llegó a pensar que a lo mejor eso de ejercer de padre no se le daba nada mal. Pobre iluso. A eso de las 12:15, pater et fili salieron de la casa rumbo a la iglesia más cercana. Todo orgulloso Antonio iba llevando el carrito con la tranquilidad de la tarea bien hecha, y con la seguridad de que su niño iba a tener un comportamiento ejemplar en la misa, que iba a ser la envidia de todas las mamás.
Era tal su confianza en el bebé, que Antonio decidió atreverse a plantarse en primera fila, a medio metro del altar, ante la incredulidad de todos los presentes. Juan lucía una angelical sonrisa, aunque por dentro retenía todos los pecados capitales juntos, meciéndolos en una coctelera explosiva que en cualquier momento estallaría. Empezó la misa, todos en pie. Una oración, otra, las lecturas, ahora sentados, ahora de pie, el cura hablando.....y Juan manteniendo un comportamiento magnífico, en silencio y sonriendo. Llega el Padrenuestro, la paz, ¡la comunión! Y cuando estaban todos rezando en silencio, cuando apenas se oía el sonido de las llamas de las velas, el infante tomó aire, se le hinchó la cara y empezó a gritar y llorar como si mil demonios le hubiesen poseído al mismo tiempo.
En ese momento todas las miradas se dirigieron hacia Antonio con expresiones de odio y regocijo. Es como si hoy en día hubiese sonado la Macarena en pleno momento de oración interior en la iglesia. La sonrisa angelical pasó en unos segundos a llanto demoníaco, y el padre intentó escapar de aquella situación tan vergonzante lo más rápido posible, pero el bebé había trucado las ruedas del carrito, y tuvo más dificultades de las que podía imaginar. Pero pudo lograr salir del templo, y juró no volver más a ese, aunque tuviese que andar media hora más para llegar a otro. Y una vez en la calle el pequeño Juan dejó de chillar, bebió agua y miró a su padre como diciendo "Ahí queda eso, pringado".
Saturday, June 03, 2006
8. El Placer del Gateo.
Juan aprovechaba las siestas de sus padres para escaparse de su jaula e investigar su entorno, el cual no era precisamente muy grande. Los Fernández residían en un piso discreto de Chamberí, con dos habitaciones, salita, un baño y cocina, y era un piso interior, claro. Juan insiste en relatarnos una anécdota que recuerda.
Friday, May 26, 2006
7. El Viejo del Parque.
Chupete en boca, el niño se agarraba a su sillita y la madre le daba un paseo por las calles de Chamberí hasta llegar al Parque de Santander, donde se sentaban en un banco a tomar el fresco. Pero la ilusión de Concha por su hijo no siempre rozaba la perfección, de hecho, en ocasiones se dejaba llevar por su inestable forma de ser, hasta el punto de desatender al pequeño Juan por unos instantes. En una ocasión, un sábado por la mañana, madre e hijo estaban en el parque cuando de repente Concha se dio cuenta de que no le quedaba tabaco. Sin duda era el peor vicio que tenía, junto con la ludopatía y la lobectomía. Era incapaz de estar más de 20 minutos sin un cigarro en la boca, de forma que en ese momento su principal objetivo era comprar tabaco. El estanco más cercano estaba a dos calles, y era tan orgullosa que no se quería dignar a pedir tabaco a cualquier viandante, así que se levantó, vio a un vejete solitario en un banco cercano y le pidió que por favor cuidara a su hijo durante unos minutos.
El anciano se sorprendió, y aceptó el reto con la misma ilusión que si le hubiesen propuesto hacer un viaje a la luna. Total, estaba leyendo por enésima vez El Conde de Montecristo......y sin embargo nunca había cuidado de un niño, pues su mujer, Rosario, era estéril, y aunque él fue putófago, nunca llegó a criar a ninguno de sus 5 hijos bastardos.....pero esto es otra historia.
El vejete asomó su cabeza para ver la carita del bebé, y se encontró a Juan mirándole de reojo como diciéndole "¡Oiga, que el chupete es mío!". Al abuelo le pareció muy tierno lo que vio, y sonrió, pero su sonrisa pasó rápidamente a un gesto de tristeza y amargura. Miró al cielo, luego al niño, y le dedicó estas palabras:
Tuesday, May 16, 2006
6. La Crisis de la Teta Izquierda.
Sunday, May 14, 2006
5. Mi Primer Conflicto con Mamá.
Concha, con esfuerzo, intentó centrarse en su hijo y dejar de lado sus reuniones de Tuperware y sus citas con las amigas. Pero ese esfuerzo no duró demasiado. Llevaba mucho tiempo haciendo las mismas cosas como para poder dejarlo todo de repente. Y sí, vale, el bebé era mono, pero le absorvía mucho tiempo. Antonio, por su parte, no ayudaba mucho. Cada vez que Concha le demandaba más atención al crío se limitaba a levantar un osito de peluche diciendo "mira, mira" con tono infantiloide, y nada más. Acto seguido seguía leyendo el periódico o viendo la tele, sin fijarse siquiera si el niño miraba o no.
Pero el peor momento del día llegaba cuando Concha intentaba darle el pecho a Juan. No había forma de que el bebé succionara leche y en vez de eso se dedicaba a llorar, gritar y agitar sus pequeños bracitos como podía. Pero mejor que Juan nos cuente qué es lo que ocurría.